De las greguerías

Pese a la impresión que producen tantas muestras y exhibiciones, los artistas no andan escasos de ideas, no. Lo que ocurre es que al pobre espectador lo cansan primero con la cola para las entradas, con el guardarropa, con los textos dilucidantes y por qué no con la opinión nunca bienvenida del aspirante a crítico, en la fila, en el guardarropa, y por supuesto junto al cuadro en cuestión.

Así es que al confrontar la obra tan postergada no es raro que sólo veamos un montoncito de mugre, un barullo de alambres o un enchastre de colores, pero nunca la cumbre que nos han prometido en algún lado, alguien.

Yo tengo un amigo que haría un excelente crítico de arte. Escucharlo disertar es asistir a un evento único… Posee la sutileza de un cirujano, la persuasión de un barrabrava, la sensibilidad de un callo. Una rara mezcla de eminencia y guarango. Un caramelo.

Lo raro es que sus opiniones, casi siempre lapidarias, parecen la única cura posible contra el almíbar que nos quieren hacer beber, ese que de todas formas no logra tapar el miasma que impera en el ambiente.

Dice mi amigo:

Hay dos o tres mitos insidiosos que terminan por dar mal nombre al Arte. Uno es creer que el artista se maneja con reglas diferentes al resto de los mortales…

En algún lado escuché que los abogados tapan con papeles sus errores, y que los médicos los tapan con tierra.

El artista no, el artista es distinto.

El artista puede tildar de “experimental” su obra y que además lo feliciten, le quedó divino el bodrio, ¿nos sacamos una foto?

Pues no. Cuando el trabajo sale mal, se lo guarda en casa y a lo sumo que sirva, como decía Diderot, “para asustar a los nietos”.

Nuestro amigo va a una muestra.

Damos una vuelta, me dice, miramos la obra. Es lógico que nuestra atención se desplace de las paredes a la sala, para encontrar al culpable.

¿Será aquel de la remera fucsia con la cara del Che? ¿O la señora de la cartera dorada? ¿O el adolescente cuarentón con la copa de espumante?

Se podría aventurar una clasificación de los sospechosos, al mejor y más retrógrado estilo Lombrosiano, como si hubiera ciertas constantes ineludibles. Creo que el material es tan jugoso que amerita una reseña aparte.

-¿Le gustan los cuadros?

-Bueno, dicen que un chimpancé ante una máquina de escribir, con el tiempo suficiente, podría escribir un soneto…

-¿Perdón?

-También dicen que el asesino siempre comete algún error. Aquí yo veo 14, pero no estoy seguro; ¿ese interruptor cuenta como cuadro?

Ahora el arte es un guiño y una selfie. Y si tiene gusto a poco para eso está el prospecto. Página 3, o Cómo distinguir un Duchamp de otro (urinario).

El arte solía requerir tiempo y empeño, y hoy no estamos para esas cosas.

¿El Kemble está al revés?

Y por eso, repito, tanto trabajo que apela al mismo y breve asombro que produce una curiosidad, una anécdota.

Qué gracioso, sí, el Kemble está al revés.

¿Me explico?

Hasta la próxima.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s